De Ensenada a Yucatán y de uno
a otro océano, miles de personas con y sin creencias religiosas – masones,
judíos, ateos, hindúes, liberales, cristianos de todas las denominaciones,
musulmanes, agnósticos, budistas – han manifestado su oposición a la reforma al
Artículo 24 que la Cámara de Diputados aprobó el 15 de diciembre.
Joaquín Bohigas Bosch*
Firmado por casi 1,400
ministros y organizaciones religiosas, el 2 de febrero se publicó un gran
desplegado titulado “Declaración Ciudadana México Laico. En rechazo a la
reforma del Artículo 24 constitucional”. Hay enojo y preocupación porque existe
la convicción de que “desde Salinas de Gortari… han tratado de establecer nexos
con la Iglesia mayoritaria para que nuevamente vuelva a tomar el poder y nos
someta a sus ordenanzas” (Valadez, Conexión Total, 02-02-2012).
A los que nos gusta el Estado
laico, desde hace rato tenemos motivos sobrados para preocuparnos por las
intenciones de los altos mandos de la Iglesia Católica y sus poderosos aliados
en el gobierno. Pero la reforma que finalmente aprobaron los diputados,
distinta a la que llegó de la Comisión de Puntos Constitucionales, no parece
ser uno de ellos. El texto propuesto es el siguiente: “Todo individuo tiene
derecho a la libertad de conciencia y de religión, y a tener o adoptar, en su
caso, la de su agrado. Esta libertad incluye el derecho de practicar,
individual o colectivamente, tanto en público como en privado, las ceremonias,
devociones o actos del culto respectivo, siempre que no constituyan un delito o
falta penados por la ley. Nadie podrá utilizar los actos públicos de expresión
de esta libertad con fines políticos, de proselitismo o de propaganda
política.”
La redacción es pobre, pero no
contiene una amenaza evidente al Estado laico. Más aun, el texto tiene muchas
coincidencias con el Artículo 18 de la Declaración Universal de los Derechos
Humanos, a la que se ha suscrito nuestra Nación, y no presenta diferencias de
sustancia con el Artículo 24 vigente. Quizá peco de inocente, pero pienso que
el país no va a ser mejor o peor si los senadores ratifican o no esta reforma.
Entonces, ¿qué pudo haber
motivado las movilizaciones de la polícroma comunidad empecinada en defender el
Estado laico? Probablemente el siguiente párrafo propuesto por la comisión y
rechazado por el pleno de la Cámara: “Sin contravenir lo prescrito en el
artículo 3o de ésta Constitución, el Estado respetará la libertad de los padres
y, en su caso, de los tutores legales para garantizar que los hijos reciban la
educación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones”.
No fueron los únicos que dieron por aprobado este texto. A mediados de enero el
gobernador de Guanajuato, Juan Manuel Oliva, ordenó analizar la posibilidad de
implementar la educación religiosa en las escuelas estatales, porque tres días
antes el Arzobispo de León había solicitado incluir la religión en la educación
pública (El Economista, 15-01-2012). Oliva, como muchos otros gobernantes
estatales y federales, parece estar más comprometido con la Iglesia Católica
que con la Constitución mexicana.
El Estado de El Vaticano lleva
tiempo insistiendo en que las escuelas públicas abran sus puertas a la
instrucción católica. Ésta ofensiva política incluyó a la 92 Asamblea Plenaria
del Consejo del Episcopado Mexicano (CEM), celebrada en noviembre 2011, cuyo
objetivo general fue “Que todos los miembros de la Iglesia en México asumamos,
como responsabilidad propia y prioridad pastoral, colaborar de manera efectiva desde
nuestra misión, en la respuesta a la emergencia educativa por la que nuestra
Nación y la Iglesia se encuentran transitando” (Aguiar Retes, Presidente del
CEM, 08-11-2011). Quizá es casual, pero los diputados aprobaron su proyecto de
reforma al Artículo 24 un mes después de que el Subsecretario de Educación
Superior asistiera a la Asamblea del CEM y Calderón invitara a los más de cien
Obispos a un encuentro/cena en la residencia de Los Pinos, donde probablemente
conversaron sobre la posibilidad de que la Iglesia Católica pueda evangelizar
dentro de las escuelas públicas (El Universal, 03-11-2011).
¿Qué entienden por emergencia
educativa los obispos reunidos en el CEM? Por una parte, plantean que “en la
raíz de la crisis de la educación, hay una crisis de confianza en la vida”
(Pierre, Nuncio Apostólico en México), producida por una pérdida de valores
morales y espirituales que solo puede ser remediada si el Estado permite que
haya instrucción católica en las escuelas públicas. Por otro lado, también afirman
que hay una “emergencia educativa, que consiste en una acción urgente e
inmediata para superar la creciente dificultad que encontramos para trasmitir
la fe” y revertir su decreciente influencia (el porcentaje de la población
católica disminuyó de 92.6% a 83.9% entre 1990 y 2010). Esta acción urgente
consiste en tener acceso a la población que asiste a escuelas públicas para, en
sus palabras, “educar evangelizando y evangelizar educando”.
La jerarquía católica se dice
satisfecha con la reforma aprobada por los diputados, pero es claro que está
lejos de su objetivo final.
Intenté hacer un relato
objetivo de los acontecimientos más recientes de ésta larga e inconclusa
historia. Ahora toca revisar y analizar que se entiende por educación religiosa
y política, la importante diferencia entre educar y adoctrinar y las ventajas y
riesgos que tiene exponer a los jóvenes al adoctrinamiento político y religioso
dentro de la escuela. Será en otro artículo.
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